El nuevo instrumento buscará que la población con ingresos más acotados
y que normalmente se desempeña en el sector informal pueda administrar
sus ahorros a través de cuentas bancarias. Esta nueva propuesta
consistirá en una cuenta de ahorro que podrá ser abierta en bancos y
cooperativas de intermediación financiera por personas físicas
nacionales o extranjeras no residentes.
La cuenta estará denominada en pesos uruguayos o Unidades Indexadas (UI)
y solo admitirá retiros y depósitos en efectivo, así como pagos mediante
débito bancario. La suma de los depósitos mensuales no podrá superar las
7.000 UI (unos $ 18.290 a la cotización actual) y su saldo de cierre del
mes no podrá exceder las 24.000 (hoy unos $ 62.710).
Debido a las limitaciones operativas que tendrán, se aplicarán
"procedimientos de debida diligencia simplificados a los efectos de la
apertura", informó a El País el intendente de regulación financiera de
la Superintendencia de Servicios Financieros del Banco Central, José
Antonio Licandro.
La elección del público objetivo está en línea con el plan de inclusión
financiera del gobierno. El jerarca dijo que se identificó que esa
población no tiene cuentas bancarias porque -al no tener una fuente de
ingreso formal- les "son difíciles de cumplir" los requisitos vinculados
a control de lavado de dinero y combate al narcotráfico para abrir
cuentas.
Si bien no se realizó un estudio de demanda, Licandro dijo que algunas
de las ventajas de este nuevo instrumento con respecto a las cuentas de
depósito comunes es que "con datos mínimos" -como nombre, dirección,
teléfono y número de documento de identidad-, las personas podrán
incorporarse al sector financiero como ahorristas. "Al ser cuentas
limitadas en sus montos y movimientos, los riesgos en términos de que
sean usadas para lavado de dinero o financiamiento del narcotráfico son
muy menores y hoy en día son aceptadas sus aperturas por los organismos
internacionales que se dedican a este combate", dijo Licandro.
El hecho de que las cuentas solo puedan estar denominadas en moneda
nacional busca restringir aun más la probabilidad de que, aun con bajos
montos, se usen con esos fines ilícitos, ya que "cualquier operación
vinculada" al lavado suele requerir estar denominada en moneda
extranjera.
Licandro señaló que otra ventaja de estas cuentas es que sus titulares
podrán acceder también a tarjetas de débito para realizar pagos
electrónicos y eventualmente el banco que capte su ahorro podrá
ofrecerle otros servicios (como préstamos y tarjetas de crédito).
Los valores que la autoridad prevé establecer como topes en saldos y en
movimientos mensuales, "fueron considerados en función de parámetros
generales como el ingreso per cápita y otros elementos que surgen de la
comparación de otras experiencias en la región", señaló Licandro. Esas
aproximaciones luego serán "contrastadas con la vida práctica, una vez
que estas cuentas estén operativas", agregó.
Por otra parte, el Central sigue afinando una nueva normativa que creará
bancos minoristas y corresponsales bancarios. A los bancos minoristas,
les requerirá un capital mínimo de 65 millones de UI (unos $ 169,8
millones hoy, la mitad de un banco normal), pero con un requerimiento de
capital por riesgo de crédito mayor (12%). Esos bancos no podrán recibir
depósitos en cuenta corriente bancaria girables mediante cheques ni
recibir depósitos de no residentes y podrán dar créditos al público
exclusivamente en moneda nacional. Se prevé que si las redes de cobranza
se convierten en corresponsales financieros la cantidad de locales de
atención al público aumentará de 336
sucursales bancarias a 1.354.
Pago de sueldos electrónico
Para avanzar en su plan de inclusión financiera, el Ministerio de
Economía pretende hacer obligatorio el pago electrónico de sueldos, para
lo que enviará un proyecto de ley al Parlamento. Ese proceso será
gradual e implicará que el cobro sea a través de una cuenta bancaria,
una tarjeta prepaga o bien otros instrumentos electrónicos. Se está
pensando por tanto en generar una licencia de emisor de dinero
electrónico, que sería otorgada por el Banco Central (por ejemplo, a
redes de cobranzas). Se prevé que el empleado pueda decidir con qué
institución e instrumento cobrar.