Lic. Nestor Ojeda - 15 Ago 2012

Permítanme contarles una anécdota que me permitió aprender una gran lección para
mi carrera como consultor pyme, hace aproximadamente un año trabajando en una
incubadora de empresas, asistí a una junta donde analizaríamos el material
didáctico que se utilizaría como apoyo para ayudar a los emprendedores que
atendíamos en aquellos días; entre el material se encontraban varios videos,
presentaciones, cuestionarios y guías para mejorar la comprensión de los
conceptos que queríamos que quedaran en la mente de nuestros clientes.
Fue entonces cuando mi atención se centró en una presentación que se basaba en
la idea central del mundialmente famoso libro “Padre Rico, Padre Pobre” de
Robert Kiyozaki, el cual trata sobre las razones por las cuales los ricos son
ricos y los pobre son pobres; y no se refiere a cuestiones financieras
únicamente, sino a los distintos puntos de vista con los que se enfrentan a la
vida las personas con visión emprendedora en comparación con las personas que
prefieren la seguridad relativa de un empleo bien remunerado.
Recuerdo que fue entonces cando hice un comentario en contra del aspecto
emocional y su irrelevancia al momento de hacer empresa. Grave error de mi
parte.
Inmediatamente se desató un debate en la oficina con otros colegas sobre la
importancia de la motivación al momento de hacer empresa, yo sostenía que en
aspectos empresariales solo se deberían evaluar aspectos objetivos: cantidad de
ventas, número de piezas, puntualidad del personal, etc. sin embargo mis
compañeros defendían su importancia como parte fundamental para encontrar el
motivo por el cual hacer empresa, motivos tanto personales como profesionales.
El punto de inflexión en mi opinión se dio cuando me preguntaron la razón por la
cual me levantaba todos los días para ir a trabajar como consultor, es decir, mi
motivo, mi propósito; por supuesto que el dinero es una razón obvia; sin embargo
cuando las cosas se hacen bien, ganar dinero es una consecuencia, no una razón o
motivo.
El motivo por la cual te levantas todos los días para ir a trabajar en tu
negocio debe ser la razón de ser de tu empresa, es decir, el motivo por el cual
tu empresa existe. Cuando eres consciente de la misión de tu empresa eres capaz
de crear nuevas y mejores cosas, contagiando así a todo tu equipo de trabajo con
esa misma idea, esa misma motivación; ello te garantizará una identidad única
para tu organización y por lo tanto una diferenciación de tu competencia que tu
cliente podría encontrar valiosa.
Cuando nosotros como empresarios permitimos que esa motivación guíe nuestras
acciones y nunca lo perdemos de vista, entonces habremos encontrado el camino
correcto hacia el éxito. Y si esas acciones y trabajos resultan ser cosas que
nosotros disfrutamos enormemente, entonces habremos dejado de trabajar, pues las
cosas que gozamos no nos cuestan tanto trabajo.
Puedo decirles que las personas con las que puede trabajar después de ese día y
que me confesaron que amaban lo que hacían y que sabían perfectamente porqué lo
hacían, hoy son casos de éxito de la incubadora y por lo tanto míos.
Es fácil deducir que la motivación es el combustible que utilizamos para
realizar todas y cada una de nuestras acciones en el día a día; por lo que es
importante que todos nuestros proyectos y trabajos estén alimentados por
combustible de calidad, razones buenas, motivos claros, muy claros.
Así que vale la pena preguntarte ¿porqué existe tu empresa?
Los invito a dejar sus comentarios, dudas, inquietudes, opiniones, etc. déjanos
saber que estas ahí.
Fuente: https://elempresario.mx/motivacion-empresarios-emprendedores-pymes-consultoria-asesoria-estrategia-empresas/motivacion-funda