
Cuando planificamos una actividad, cada elección que realizamos se fundamenta en
el deseo de conseguir un beneficio o de evitar una pérdida. La base de una buena
planificación consiste en definir la forma más óptima de gestionar mi tiempo
para lograr la meta deseada y en tomar consciencia de cómo utilizo mi tiempo
actualmente. Esto implica un análisis y cuestionamiento de mis hábitos de tiempo
actuales, y posiblemente el establecimiento de nuevos hábitos de tiempo que
aumenten la posibilidad de cumplir la meta planificada. Siendo consciente de los
beneficios que obtendré al conseguir la meta, y de los beneficios de adquirir
mejores hábitos, se reforzará mi motivación y se acelerará la consecución de
dicha meta.
Para planificar correctamente mi meta deberé hacerlo de la siguiente forma:
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Definir la meta por escrito, de forma específica, medible, alcanzable, realista y tangible.
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Definir el beneficio principal de la meta.
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Determinar otros beneficios paralelos que obtendré.
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Determinar la fecha límite final.
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Identificar anticipadamente los posibles obstáculos que me encontraré.
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Idear posibles soluciones a dichos obstáculos para cuando surjan.
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Elaborar un listado de acciones específicas y la fecha límite de cada una.
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Tener un método de seguimiento del proceso, para controlar posibles desviaciones y corregirlas.
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Llevar la planificación de estas acciones a mi agenda, con plazos ambiciosos, pero realistas.
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Establecer prioridades entre las acciones de mi meta, y el resto de actividades diarias.
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Identificar los hábitos personales inadecuados que obstaculizarán la consecución de la meta.
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Adquirir hábitos personales positivos que respalden lo planificado.
De esta forma obtendré la motivación que necesito para multiplicar mi potencial.
Conocer lo que voy a conseguir, cuándo lo voy a conseguir y cómo, me
proporcionará la voluntad necesaria para dar lo mejor de mi mismo. Según vaya
cumpliendo las etapas planificadas iré obteniendo experiencias positivas que me
animarán y me darán confianza en mi mismo. Si no logro cumplir dichas etapas, al
haber planificado podré rectificar a tiempo y corregir desviaciones. Podré
disfrutar de la satisfacción de ver crecer mi productividad personal y
profesional; así como de comprobar que soy capaz de lograr las metas que me
conducen al éxito. Si por el contrario me limito a ejecutar mi día a día,
guiándome por la inercia, por hábitos inadecuados, y por la influencia del
entorno, lo único que obtendré será frustración.
Saber cuál es la recompensa que va a recibir, le proporcionará la motivación
necesaria para actuar en la consecución de su meta. Paul J. Meyer
Fuente: https://aritz-urresti.com/2012/08/planificar-mis-actividades-es-la-mejor-motivacion/